“Ergo” es otra vaina

Hay que aceptarlo. Vivimos aislados en el mundo que creamos. El viaje en metro, la cola, el break entre una clase y otra; la mayoría del tiempo hacemos cualquier cosa para evadir el contexto molesto, sin detenernos a mirar a los lados y notar que algo está cambiando en la ciudad: un antropólogo usa los containers de basura y las casetas telefónicas para plasmar rostros que distan de los de las modelos de las vallas publicitarias; préstale más atención al mobiliario callejero, pues él lo ha convertido en su propio lienzo

Marysabel Sánchez Bouttó / urbe@planetaurbe.com
Fotos: Eduardo Fuentes



Su Aká nos deja inferir que lo que hace es consecuencia de un proceso que lleva al resultado; sus imágenes son el producto de una serie de ideas y los motivos no se agotan. “Cogito, ergo pingere” (“Pienso, luego pinto”) es su bandera y parece estar claro hacia dónde apunta.

Con recelo ha ofrecido, apenas, un par de entrevistas por ahí. Siempre se mantuvo renuente a rebelar quién es y qué es lo que hay detrás, pero URBE no acepta un no como respuesta; se llama Saúl, tiene 28 años, es antropólogo, asiste en nutrición a chamitos en África, es un niño lindo y se conmovió ante tantas carencias. Él dice que no busca reivindicar a nadie, pese a que, sin dudas, lo está haciendo.

En ese continente, la gente ha sido más que golpeada por el hambre, las pestes y la miseria. Ergo decidió traer a Caracas su principal atractivo: el africano per se, su esencia, sus rasgos, e imprimirlos bajo su óptica en espacios de la ciudad que suelen pasar inadvertidos.


Luego, amplió el arco iris de retratos que lo mueven: un indio, un viejito, un rockstar… todos aparecieron en su zona, Chacao, bajo un sello y ya lleva 30 casetas de teléfono y electricidad, más nueve contenedores de basura intervenidos. Y sigue sumando, al punto de que se le van agotando los espacios, por lo que considera empezar a cambiar a Baruta, Sucre y Libertador sobre la marcha.

Más que un tag
Saúl observa que los stencils comunes son pequeños y, generalmente, demasiado simples; se repiten los diseños o se trata de tags corrientes sin un impacto visual importante. Él cuida esos detalles.

Siempre le gustó el graffiti, se considera un espectador empedernido, pero no se veía como parte de ese medio y, ahora, siente que las tendencias “se han vuelto mononeurales”, salvo el trabajo de Hase, el del crew No Sabemos Disparar, el de algunas muestras elaboradas de CMS y ciertos colectivos que ha descubierto en Mérida y Maracay. Sin embargo, reconoce que los exponentes de esas corrientes, así como él, nacieron con una misma intención: humanizar soportes urbanos carentes de personalidad.


Y es que lograr que la gente se relacione con un pipote de basura es un reto interesante, puesto que convierte esos espacios en puntos de referencia que crean empatía con la propia ciudad.

En principio, como todos, cayó en la tentación de realizar el estarcido en las paredes de las residencias; después, encontró soportes más sexys como las casillas de electricidad, que le dan el marco necesario y evitan que la imagen se pierda entre otras tantas, como ocurre en los muros… vive pillándolas; sabe que hay tres tipos de garitas, conoce sus medidas y tiene claro qué tipo de diseño cabe en cada una. Luego, sobre la superficie coloca tres manos de pintura para el fondo y empieza a trabajar la imagen. Ergo dice que la técnica se adquiere con el tiempo, “hay que meterle el cuchillo al cartón y ver qué sale”.

Empezó a configurar series, tapizando los containers con afiches de las fotografías que él mismo toma en sus viajes, lleva a altos contrastes, selecciona e imprime en el formato necesario, cosa que, según él, toma más tiempo que todas las otras partes del proceso.

Es más divertido de día
Este pana desafía los estándares y va pendiente del feedback de la gente mientras produce sus piezas, por eso no realiza sus proyectos bajo esa aura medio gangster que ofrece la noche.

Cuenta que la policía siempre se ha portado civilizadamente con él, sobre todo porque no trabaja en espacios privados y porque sus stencils son de fácil interpretación. Igual si alguno se pone medio necio, no vacila en debatirle el punto argumentando que si los políticos pueden colocar sus caras en las casetas y no remueven la propaganda, él bien puede dejarle algo “lindo” a la comunidad. Así sale del rollo.

En general, la respuesta de la gente es siempre positiva y despierta curiosidad. Más de una señora le ha preguntado si le puede reconectar la línea del teléfono que le cortaron, otros le ofrecen sugerencias para que vaya mejorando y muchos asocian sus imágenes como parte de un proyecto macro. Siente que al trabajar de día, puede tripearse ese tipo de interacción y mide las distintas reacciones.

Ergo asume como un desafío el hecho de que se desencadene una enorme explosión urbana en la ciudad, de distintos estilos y con variados soportes.

Aprecia el arte callejero que se hace en Europa, por ejemplo, y piensa que siempre se puede escoger entre compararse con cosas mejores y deprimirse, o usar esos incentivos para salir a la calle a inventar, para contribuir con su estilo propio y con los recursos con los que dispone. Además, ha jugado con la alternativa de tomar motivos venezolanos para plasmarlos en el exterior, recibiendo buenas críticas.

Saúl participó con una selección de piezas en Por el medio de la calle 2009; generalmente, con su cara cubierta con una máscara anti residuos, también en su afán de mantenerse bajo perfil. Esto ha despertado la suspicacia de muchos, al extremo de que en varios blogs y grupos de Facebook han abierto discusiones para tratar de descubrir quién esconde esas propuestas en el anonimato que, hoy, URBE rompió casi por completo.

Si quieres más, teclea “Ergonometría” en Youtube

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