Pretenden maquillar a Caracas

Galería del deterioro (II) / El Silencio - Catia

El Gobierno mandó a retocar a la ciudad. Es la percepción actual del ciudadano que vive y siente a Caracas.

Quien recorre El Silencio y sus adyacencias puede apreciar que las calles están relativamente limpias y que hay una cantidad importante de policías en cada esquina. Si de transitar por la avenida Baralt se trata, sorprende ver que las cosas están en su lugar... aparentemente.

"A nosotros nadie nos va a venir a caer a embustes", dice Josefina Machado.

Y es que las más crueles dificultades que sobrelleva el caraqueño son precisamente las que no se ven. "Sí, hay un montón de fiscales y policías, pero estamos hartos de ver cómo matraquean a todo el mundo", sostuvo Alejandro Romero.

La gente no titubea al expresar su indignación debido al hampa, que actúa sin aspavientos frente a los ojos de los cuerpos de "seguridad". Laura Aponte tiene un quiosco en las inmediaciones del puente Llaguno; contó que el pasado lunes vio que un motorizado arrastró del brazo a una muchacha que se resistía a dejarse arrancar su cartera. En los alrededores de Metrocenter, en Capitolio, los asaltos son el pan de cada día.

La plaza El Calvario es una guarida de indigentes, según quienes frecuentan las cercanías; y las cuadrillas han olvidado limpiar la plaza Miranda en la que, por cierto, se empoza el agua cuando llueve.

Andar en Catia, por otro lado, es un martirio. Se están ejecutando obras de arreglo a las aceras y a las islas en todas partes, pero los vecinos no saben si alegrarse. "Tienen como dos meses en ese plan" y, mientras tanto, hacen maromas para circular y sobrevivir en el intento.

La inseguridad se hace patente con mayor hincapié a las afueras del metro de Gato Negro y en los cerros, por supuesto.

A la lista de penurias se suman los servicios públicos. Los comerciantes deben colocar bombillos a los postes, porque "más tiempo permanecen dañados que funcionando", dicen. Además, en Alta Vista pasan de quince a veinte días sin electricidad y el aseo urbano realiza la recolección "cuando quiere".

Ni hablar de plaza Sucre, pues la estatua del Mariscal de Ayacucho permanece cubierta y rodeada de escombros y obreros.

Las evidencias del caos

LOS AUTOBUSEROS contribuyen al colapso de la avenida Baralt. No respetan las paradas y los usuarios deben subir a la unidad en cualquier sitio, inclusive entre un contenedor de desechos. Las colas de colectivos son un punto a favor del caos del tráfico en Caracas.

LA PLAZA EL CALVARIO está recibiendo mejoras en lo que a iluminación se refiere, pero los indigentes se han apoderado de ella. Luego de subir el último escalón, se dejan ver colchonetas y montones de basura que acumulan durante días.

EL TRÁNSITO empeora y vuelve "un infierno" El Silencio. Es la perspectiva de quienes deben circular por el sector a diario; dicen que los fiscales a veces empeoran las cosas y que la solución al problema es tan sencilla como respetar las señales de tránsito y los semáforos

EN CATIA los peatones, incluso los minusválidos, circulan entre el tránsito. El rayado es inexistente, los semáforos parecieran estar de adorno y se desconoce el uso de la pasarela de la avenida Sucre, pues los comerciantes bloquearon los accesos porque la utilizaban como urinario.

LA PLAZA SUCRE tendría una estructura similar a la de la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes y debía estar lista en octubre, según las promesas de la Alcaldía de Libertador. A menos de una semana de que culmine el mes, aún se encuentra repleta de tierra, escombros y maquinaria.

LAS ACERAS de Catia lucen así. Debido a las irregularidades en la recolección de desechos, los containers se desbordan y las cantidades de basura generadas por los buhoneros y demás comercios son dispuestas a lo largo de las caminerías.

Fotos: Eduardo Fuentes

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