La música como antídoto de la violencia

La orquesta agrupa a 380 internos de cárceles de Mérida, Táchira y Carabobo

Henry Dávila cumplió sentencia de seis años en la Penitenciaría Regional Andina y salió en libertad hace once meses. Cuando aún estaba en prisión, supo que un proyecto musical se implantaría en la prisión, lo que despertó su interés de inmediato, puesto que solía dar serenatas y tocar en grupos de gaitas.

Dávila quiso integrarse al programa y, para su sorpresa, haría lo que nunca imaginó: aprendería a interpretar piezas clásicas bajo una dirección orquestal y, además, recibiría atención médica, cobijo y reeducación para afrontar el futuro con una visión renovada. Se dejó seducir por lo desconocido y, junto a él, otro tanto de sus compañeros decidió buscar mejor suerte en el arte.

Una página en blanco
A diferencia de Henry, la mayoría de los aspirantes no tenía ni la más vaga idea de lo que era una nota musical, pero eso no representaba una limitación, ya que los promotores del Sistema Nacional de Orquestas Penitenciarias estudiarían la personalidad de cada uno, según su autodescripción en entrevistas orales, para asignarles el instrumento que ejecutarían.

Es el caso de uno de los internos, quien había caído en prisión por sicariato. Dijo ser una persona ágil e impaciente y que le gustaba la música: tocaría el clarinete, ya que el proceso de aprendizaje es relativamente sencillo y rápido.

A partir de entonces, empezaron a tomar clases dictadas de manera rigurosa por profesores del Conservatorio de Mérida en salones especialmente acondicionados en el penal, entre seis y ocho horas diarias desde junio de 2007. Sus energías serían colocadas en el aprendizaje, lo que permitió que para diciembre de ese mismo año, ya estuvieran ejecutando los instrumentos con un nivel bastante aceptable como para realizar shows en sus centros.

Allí no acababa todo
Recibieron la noticia de que tendrían un encuentro en Caracas con tutelados de penales de otros estados para ensamblar el primer concierto de la orquesta penitenciaria. Los trámites para realizarlo abrumaron a muchos; sólo el traslado requirió movilizar gran cantidad de autobuses, custodiados por efectivos de la Guardia Nacional.

Los 380 internos adheridos al sistema, provenientes de cárceles de Táchira, Mérida y Carabobo, permanecieron en el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF) y en El Rodeo I durante los ensayos.
La dinámica se repitió en reiteradas ocasiones, hasta que los esfuerzos se cristalizaron el pasado martes 26 de agosto en la sala Ríos Reyna del Teatro Teresa Carreño, cuando mostraron una cara opuesta a la violencia y la desidia que marcó sus vidas.

Estuvieron perfectamente acoplados y bien coordinados; bastó que el director de la orquesta sacudiera su batuta para que se detuvieran los contrabajos y entraran los violines.

Joanny Aldana tiene 29 años, halló en la viola su vía de escape y describió la experiencia como majestuosa. “Primera vez que hago algo que enorgullece a mi familia y quiero ser un ejemplo para la población penitenciaria. Cometí errores, pero no voy a morir señalada por la sociedad”, afirmó.

Otro ejemplo es el de un chico de 18 años, recluido también en Mérida, quien resultó ser un virtuoso del oboe, y dos tachirenses recibieron una beca de estudios de violín y contrabajo.

Por su parte, Henry Dávila salió en libertad y se vio nuevamente en la calle, sin familia y con 47 años a cuestas. Debido a su rendimiento, fue contratado como profesor del programa y es Asistente de Dirección de la Orquesta Juvenil de Mérida. Dice que tiene un compromiso con José Antonio Abreu y con el rector del núcleo, Jesús Pérez. “Con la música entendí que no soy yo, que es una colectividad, que uno vive con más gente”, comentó.

Las condiciones
- Mostrar su voluntad de apegarse a la planificación del programa académico.
- Ser puntuales y consecuentes en la asistencia a clases.
- Estar dispuestos a recibir los conocimientos impartidos por los profesores.
- Tener fe en su propia recuperación.
- Ser receptivos a acatar pautas conductuales.
- Respetar a los profesores y compañeros.
- Mostrar disciplina en las clases y ensayos, y cumplir con los ejercicios y demás asignaciones académicas.
- Para la selección de los aspirantes, no hubo discriminación alguna en relación con el delito cometido, la edad, el idioma -participan internos de origen extranjero-, y ni siquiera con el padecimiento de alguna enfermedad.

El origen de la iniciativa
El coordinador del sistema, Kleibert Mora, es abogado e integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional “Simón Bolívar”, en la que toca el corno francés desde hace 18 años y es el responsable de la efectividad del programa en los centros penitenciarios en los que está instaurado.

Sus muchachos, a los que jamás llama reclusos o reos, se dirigen a él usando su segundo nombre, Lenin, porque sienten, según dicen, que Kleibert es más frío y formal.

La idea nació como una inquietud de Mora que ya había llevado la música a los niños de la calle. Decidió proponérsela al maestro Abreu, quien se encargaría de canalizarla ante el Ministerio del Poder Popular para el Interior y Justicia posteriormente.

Luego de cuatro años de numerosas gestiones, se logró el financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo en junio de 2007, dándose por sentado que el propio sistema sería el ente ejecutor.

Mora anunció que el programa llegará al Internado Judicial de Coro, Falcón, el próximo 15 de octubre y a la Penitenciaría General Venezuela (PGV) de Guárico en noviembre. "Queremos que recuperen el sentido de la vida en sociedad, mediante los valores inherentes a la música", puntualizó.

El pasado viernes en el Instituto Nacional de Orientación Femenina, los impulsadores del sistema organizaron un encuentro entre los internos y sus familiares para observar el video de aquella primera presentación nacional, como una actividad para afianzar el compromiso hacia el proyecto. Lo mismo se aplicará en el resto de los centros.

Además, Gustavo Dudamel le manifestó su interés en dirigir la orquesta en un evento cuya fecha puedan convenir.

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